SE ESTRENÓ LA PELÍCULA DE RUBÉN BLADES

20 Sep 2018 0 comment  
SE ESTRENÓ LA PELÍCULA DE RUBÉN BLADES

Ese tipo del gorro de lana, que cabecea en el subte neoyorquino como cualquier cristiano, tiene trece premios Grammy apilados en su casa y un doctorado en leyes por la Universidad de Harvard. Hay gente que posee esa cantidad de premios y otros con el mismo diploma colgando en las paredes de sus estudios; pero solo Rubén Blades tiene las dos cosas.

Aunque hace un paneo de cada una de sus facetas (desde el actor hasta el candidato a presidente, pasando por el che-pibe de Fania), la película Yo no me llamo Rubén Blades se concentra en su obra como cantautor. Lo que equivale a decir que se concentra en su experiencia como ser humano. Blades como el pibe del barrio San Felipe que, iluminado por los consejos de su abuela y el baqueteo de su padre, asiste a la matanza de estudiantes panameños perpetrada por los soldados norteamericanos apostados en el canal. Su siguiente movimiento es paradójico o está lleno de sentido: se instala en el corazón del imperio y, mientras trabaja en el área de correos de Fania Records, es descubierto por Ray Barretto.

Coproducida por el propio Blades, la película se propone como una suerte de testamento vitalista. No solo no elude temas espinosos (como sus litigios con Fania y su paternidad), sino que muestra la trastienda de sus grandes canciones y permite el acceso a su refugio: un altillo lleno de comics donde explica la raíz historietística de “Pedro Navaja”. Históricamente reservado sobre su vida privada, el director Abner Benaim fue el primero en franquear la puerta de su casa con una cámara en la mano. “Yo soy muy ligero con esos temas pesados y, a veces, muy pesado con temas ligeros –dice Benaim–. Mientras lo hacíamos me daba cuenta de la importancia del momento, pero no me dejaba influenciar mucho por eso. Trataba de mantener la actitud casual que siempre he tenido con Rubén. El crew era mínimo y de confianza. Rubén y Luba (Mason, su mujer) nos hacían sentir muy a gusto y, cuando no era el momento adecuado, Rubén era muy claro en comunicarlo. Es raro estar en la casa de alguien con cámaras, pero en este caso no pretendíamos ser ‘invisibles’. Rubén tiene plena conciencia de la cámara y tiene mucha experiencia como actor, así que eso de pretender que no estamos casi que ni lo intentamos. Estamos, y punto”.

Por aquí y allá, entre los paseos por su barrio natal, los conciertos y las imágenes de archivo, algunos testimonios forman la telaraña de su influjo: desde Sting y Paul Simon hasta Residente y Omar Rodríguez López, pasando por buena parte de la realeza de la salsa: Gilberto Santa Rosa, Ismael Miranda, Danilo Pérez. Un disco de la talla del emblemático Siembra, como explica Residente, probaba con creces que se podía escribir letras de honda caladura social sin dejar de bailar en el intento.

“La música de Rubén ha sido parte del soundtrack de mi vida –dice Benaim–. En la infancia en Panamá, en cada fiesta, en la radio, estaba en todos lados… pero recién en la universidad le empecé a prestar más atención a las composiciones. Siembra sonaba, y duro, en mi equipo de sonido. Estaba bastante deprimido y me costaba mucho arrancar los días, pero ponía las tres primeras canciones y ya tenía calculado el tiempo para bañarme, vestirme, cepillarme los dientes y salir. Ese era mi ritual, mi dosis de energía sonora diaria. La música de Rubén me ha seguido acompañando a través de los años. Me consideraba fan y creo que he puesto música suya en casi todas mis películas. Ahora, después de pasar tanto tiempo con Rubén y filmado tantos conciertos, estaba el riesgo de quedar cansado de su música. Por suerte, no fue así. Al contrario: ahora que lo conozco más, su voz me suena más familiar y el efecto que tienen sus canciones en aún más potente”.

 

 

 

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